Presentación de Fernando Jerez en su lanzamiento.

Los peregrinos por Fernando Jerez

No es fácil para un escritor publicar su primer libro. El autor acostumbra a ventilar su opera prima, antes de enviarla al editor, entre gente de confianza en espera casi siempre de una opinión favorable. Pero estos críticos accidentales se inclinan muchas veces por evadir la verdad. El autor debe explorar muchas veces la expresión en el rostro de su interlocutor, para descubrir el verdadero juicio que esconde sobre la lectura de la obra.

Luego, al presentar su libro a la editorial, debe competir con una cantidad impresionante de otros escritos. En diversos terrenos de la actividad humana sucede lo mismo, entre los cantantes, entre los futbolistas, entre los ejecutivos de empresas, la cantidad de aspirantes a sobresalir y destacar de entre el montón crece todos los años. En China, hay actualmente 1.300.000 millones de personas que desean marcar su paso por la tierra. En India 1.180.000 En Brasil, son doscientos dos millones, en México 113.000.000. Afortunadamente, en Chile, no superamos los 17.000.000 También hay poblaciones mínimas, como Antigua y Barbuda, con 68.000 habitantes, y allí la tarea de que lo tomen en cuenta a uno parece más fácil, aunque convertido el país en un paraíso fiscal, lo que más importa es el dinero que esconden los tránsfugas de los impuestos. Como vivimos en un universo global, debemos admitir que la lucha por marcar presencia en cualquiera actividad hay que darle entre una población mundial que supera los siete mil millones.

La gente busca su lugar en este mundo. La gente que tiene algo que decir vive con una enfermedad compulsiva. Pero por sobre todo, son los escritores los que sienten esa coerción interna por manifestarse en la escritura, porque es la escritura su respiración, la base sobre la cual se sustenta su vida.

Y aunque se abren vías de difusión para el conocimiento y la creación, gran parte de los siete mil millones de habitantes, está más preocupada de conseguir una vivienda, alimentos y educación, que suscribirse a una compañía proveedora de internet. Publicar un primer libro es, pues, un acontecimiento, es como salir caminando de la unidad de tratamiento intensivo a sentarse en un banco del parque. De ahí en adelante, cada tanto recaerá, cuando conciba su próxima obra y así sucesivamente. Se dará cuenta de que escribir es un oficio imposible de abandonar. Un boxeador cuelga los guantes, un escritor no abandona la pluma, ni destruye para siempre su computadora como el histérico del aviso del Armonyl.

Por eso, me he sumado a este acontecimiento de la aparición del primer libro de Fabián Cortez González. A celebrar su condena, porque de ahora en adelante estoy seguro que no parará más, y nos seguirá entregando nuevos libros, y se consolidará como escritor. El sueño del hombre por averiguar el infinito y superar las leyes del orden natural, para entender algo más de dónde viene el mundo y hacia adónde va, se aprecia con singular fuerza en los escritores de literatura fantástica, de aventuras de ciencia ficción. En esta novela titulada Los Peregrinos, queda de manifiesto que nuestra realidad, la realidad que vivimos en la tierra, no es suficiente ni debe aceptarse como el único mundo posible. El autor traslada a sus personajes a otro planeta en medio de ese espacio infinito donde flotan millones de astros, algunos conocidos y otros por conocer, y allí los ubica para que desarrollen vidas no muy distintas a las que se ven en el planeta tierra. Con el equipamiento de sus máquinas asombrosas, viajan también los vicios y las escasa virtudes que campean alrededor nuestro. La literatura es un medio de investigación a través del pensamiento. Así como a veces explora lo más profundo del alma humana haciendo emerger aquello que raramente se ve o se expresa, así también es capaz de indagar en la materia e imaginar situaciones en apariencia demenciales, pero que el tiempo ha confirmado como posibles. Por eso, algunos estudiosos siempre proclives a los encasillamientos han llamado a estas obras como novelas de anticipación. En esta nueva dimensión del universo extraterrestre que nos presente Fabián Cortez, la existencia del bien y del mal, la búsqueda de la paz espiritual en oposición a la violencia, subsisten a pesar del desarrollo que se supone ha experimentado la civilización varios años después del presente. El afán de explotación económica particulariza a un grupo de hombres liderados por un individuo codicioso que pretende saquear el templo que guarda los orígenes y el legado material y espiritual de un pueblo. Acción profanadora y con intención de lucro que reproduce en muchos aspectos lo que ha ocurrido con las posesiones de los habitantes originarios durante la historia terrícola de nuestros países latinoamericanos.

Las diferentes tribus viven entres sospechas, orgullos nacionalistas y enfrentamientos. Pero el azar favorece la aparición de ese rayito de luz que siempre alimenta nuestras esperanzas y que abre la puerta al optimismo, aquí en la madre tierra y allá en la lejanía, y ese rayito de luz es una hermosa muchacha que se encuentra con un joven y respetado conductor de una estirpe diferente. Ellos producirán en sus cuerpos desiguales, el milagro de una simbiosis espiritual amorosa que viene a revelar el origen común de la raza humana y que la diversidad, la distancia en el tiempo y el espacio no puede resistirse cuando en los seres humanos se da el amor y la nobleza.

Los peregrinos es un libro que está preparado para buscar su propio espacio en esta tierra. Tiene los méritos para una buena recepción.

LOS PEREGRINOS por Diego Muñoz Valenzuela

Debo comenzar por el principio, cuando unos años atrás el futuro autor de LOS PEREGRINOS se integró a mi taller de cuento, dispuesto a ingresar al mundo de la literatura con sed de aprendizaje, con la humildad que mantiene hasta hoy por su respeto al oficio de la escritura, y el deseo ferviente de superar cuantos obstáculos fueren necesarios parar alcanzar su meta.
Pues bien, Fabián lo logró, pues tenemos ya su primer libro, esta novela llamada LOS PEREGRINOS, que se inscribe en el género fantástico, más precisamente en el dominio de la ciencia ficción, corriente en intenso desarrollo en nuestro Chile actual. Marcos perseveró en el estudio de las artes y las ciencias de la narración, muchas de ellas esquivas y ajenas a las metodologías y fórmulas simples; otras arduas, exigentes y demandantes de tiempo y esfuerzo. Fiel a su naturaleza, el autor persistió y escribió muchos cuentos, y por fin esta novela que enriquece nuestro panorama vernáculo de la ciencia ficción. Dediquemos, pues, algunas consideraciones, a la narrativa fantástica chilena.
Si bien siempre es posible encontrar antecedentes para cualquier tipo de literatura en la tradición chilena –a pesar de la cortedad de nuestra historia en comparación, por ejemplo, con Europa- se requiere un considerable esfuerzo para encontrar trazas significativas de la historia de la narrativa fantástica criolla.
No abundan los estudios sobre literatura fantástica chilena, ni tampoco se evidencia a esta fecha un interés manifiesto de la academia por ella, y se constatan muy escasos empeños en el ámbito de la publicación, más allá de aquellos efectuados por selectas editoriales nacionales, pequeñas empresas como Simplemente Editores o Puerto de Escape. Editoriales como estas han sabido comprender gran el potencial del género, sobre todo entre los jóvenes. Pequeñas de tamaño y de poder económico estas editoriales, pero gigantes a la hora de descubrir y revelar lo valioso.
Como he dicho, con sustantivos esfuerzos resulta posible confeccionar una lista de obras y autores relevantes que han cultivado este género desde los mismos inicios de nuestra vida republicana. Un enjundioso estudio del escritor Omar Vega, denominado “En la luna”, puede citarse a modo ilustrativo.
No obstante estos hallazgos de tradición fantástica, es preciso reconocer que la literatura chilena ha estado principalmente anclada en el polo de la realidad, más que en el territorio de la fantasía. Conste que lo dice este autor sin asomo de prejuicio, puesto que mi trabajo creativo tiene una fuerte conexión con la realidad, aun cuando utilice con bastante frecuencia los materiales de la imaginación. Sin desconocer los antecedentes históricos más remotos del género, es necesario establecer que las referencias más relevantes se encuentran en un periodo reciente, que va desde la mitad del siglo XX y se proyecta al momento presente. En estos orígenes próximos destacan la producción de Hugo Correa, Elena Aldunate y Antoine Montaigne (seudónimo de Antonio Montero), que pueden clasificarse en propiedad como autores de ciencia ficción. Estos autores ejercieron en forma sistemática y recurrente la escritura de ciencia ficción en una época difícil en nuestro país; eso determinó una recepción muy limitada y una injusta –por lo magra- apreciación de su trabajo. De este modo, puede afirmarse que son autores cuya labor creativa en la ciencia ficción fue sistemática, no excepcional, como ocurrió en los periodos previos (cultivaron el género ocasionalmente, por ejemplo: Manuel Rojas, Augusto D´Halmar, Luis Enrique Délano, Pedro Sienna, Manuel Astica Fuentes, Fernando Alegría).
Es justo extraer del silencio la obra de Héctor Pinochet Ciudad, autor fantástico de corte más tradicional, limítrofe con el terror de corte gótico La mayor parte de su significativa obra fue escrita durante su exilio en Italia y es, por desgracia, apenas conocida. Por suerte existe una reedición reciente del Hipódromo de Alicante, justamente de la misma Simplemente Editores (lo cual demuestra que el interés de Simplemente Editores por la literatura fantástica no es casual). El año 1996 tuve el honor de ejercer una interrupción en el largo silencio del género desde fines de los 60, al ganar el Premio Mejores Obras Literarias del Consejo del Libro en Novela Inédita con Flores para un cyborg, editada rápidamente por Mondadori. Creo que ese hecho contribuyó a abrir las puertas a una nueva etapa de la literatura fantástica en Chile. De hecho, a partir de ese momento, surge una serie de autores que han ido enriqueciendo el panorama de la literatura fantástica chilena, entre ellos: Jorge Baradit, Francisco Ortega, Sergio Meier, Sergio Amira, Luis Saavedra, Francisca Solar, por nombrar solo algunos. Hay que destacar el notable esfuerzo editorial encabezado por la editorial Puerto de Escape, al mando de Marcelo Novoa, qur publicó una antología del cuento fantástico (Años luz), junto a una serie de nuevos autores del género. También la editorial posee un activo sitio de difusión y diálogo que lleva a cabo una interesante y permanente contribución al género fantástico. Por cierto el género fantástico es un universo muy amplio, donde caben tipos de textos muy diversos por temática y forma, dirigidos asimismo a públicos heterogéneos.
La literatura fantástica suele ser un modo de representación de los problemas actuales de nuestra sociedad. Es difícil escapar al influjo de la realidad; ejemplo brillante es el libro Crónicas marcianas de Ray Bradbury, maestro inolvidable recientemente fallecido. LOS PEREGRINOS es un exponente de esta última tendencia, pues aun cuando sitúa su trama en un futuro muy remoto y adelantado, el escenario humano no es muy diferente del actual. A pesar de que -al tiempo de la novela- la humanidad ha efectuado con éxito una transición al dominio intergaláctico, colonizando el universo a gran escala.
Enormes consorcios económicos gobiernan los esfuerzos de colonización de planetas remotos para explotar las riquezas naturales y todo cuando puedan comercializar en su ávido mundo de consumidores. Los débiles gobiernos delegados de la Tierra, tan distantes del poder centralizado (en la Madre Tierra), son fáciles víctimas de la influencia de los poderosos clanes económicos.
El corrupto gobernador de Konara, lábil frente a las expresiones de afecto del consorcio universal CERENA, se entrega a toda clase de abusos, y llega a cometer la mayor de las faltas: morder la mano de su amo protector CERENA y traicionarlo con otro grupo de poder para conseguir mayores prebendas. Casi como abrir la página de un periódico de esta época En este adelantado futuro impera, sin mayores contrapesos, el poder económico como columna vertebral del orden, y se proyecta con poderosos tentáculos sobre el universo, dispuesto a devorarlo como a un mero botín. La materialidad se yergue como valor absoluto y pretende erigirse en razón y meta de la vida humana, y la espiritualidad, por oposición, se reduce a un espacio mínimo, casi inexistente. La violencia y la ambición imponen su lógica en una sociedad hedonista y paradójicamente fría e insensible.
Las personas tienden a autoevaluarse por lo que poseen –expresado en bienes o dinero- dejando de lado lo más importante: lo que comparte con otros, sea ello conocimiento, compañía, emociones o beneficios materiales (por qué excluirlos). Cualquier semejanza con el momento actual deberemos considerarla simple coincidencia.
Los protagonistas de la novela formarán –al final de un camino extenso y azaroso- una feliz pareja. Los hados han preparado para ellos una nutrida serie de hechos fortuitos, peligros y privaciones cuya superación tendrá importancia histórica suprema. El desenlace no significa solo la posibilidad efectiva del amor para Ester Rhys y Morel Vernus, sino que un cambio significativo para el destino del planeta Konara y el completo imperio terrícola. Una esperanza para la humanidad.
Konara es la cuna de tres pueblos diferentes, una tríada de enemigos mutuos, que vienen guerreando por generaciones. De estas tres razas, una difiere de manera especial: los camargos, provistos de una robusta y brutal estructura que no va acompañada de un intelecto igualmente poderoso. Los dorhiamos y los kearas con más parecidos entre ellos, y con evidente apariencia humana. Esto impone un enigma: ¿Cómo se ha desarrollado una civilización similar a la humana a 450 años luz de la Tierra? ¿Es una casualidad o existe relación entre ambas civilizaciones? ¿Será posible que la panspermia sea verídica? ¿Fue dispersa la semilla humana por el universo en tiempos remotos?
El consorcio CERENA ha conseguido –fraudulentamente, mediante el ejercicio de influencias corruptas ante los gobernantes- una licencia amplísima para explotar las riquezas del planeta Konara. Para cumplir este objetivo, ha debido ocultar la evidencia de que haya inteligencia y menos aún civilización en Konara, pues ello estaría prohibido por las leyes de la Tierra (ninguna constitución acepta en el verbo ni el oprobio de la dominación, ni la destrucción de las libertades, ni el saqueo de las riquezas ajenas, aunque se suele proceder en sentido contrario). Una complicada conspiración entre los agentes del consorcio universal y las autoridades delegadas demora el descubrimiento de la verdad, pero exacerba los ánimos de las razas originarias, que se rebelan en guerrillas y comienzan a experimentar un fuerte proceso de convergencia entre ellas.
El amor entre una mujer humana y un hombre keara simboliza el potencial reencuentro de esta humanidad dispersa en la galaxia. También la unificación de las tres razas de Konara exalta la necesidad de reunir a los débiles para detener la marcha de los inescrupulosos agentes del poder económico. La historia de amor y la unidad de los seres humanos adquieren un paralelismo en la progresión de la trama. La humanidad tiene una oportunidad única para dar un salto trascendente en este momento de intensa crisis. Es posible desprenderse de las cadenas de la materialidad más burda y avanzar en la cadena evolutiva de la espiritualidad, guiados por la sabiduría de una civilización olvidada en los tiempos, en un rincón remoto de una galaxia perdida. El autor asume con habilidad la descripción de personajes y escenarios sociales y culturales complejos, construyendo una historia de enorme vertiginosidad que apasionará a los fanáticos del género.
LOS PEREGRINOS es una ficción con pulso, seductora por la profundidad del mundo que describe desde miradas tecnológicas y culturales. La acción alcanza por momentos un vértigo extremo, deseado por un lector del género. Los elementos antes mencionados, matizados con el ejercicio de la fantasía maravillosa y la ansiosa búsqueda del amor, enriquecen la historia, dotándola de una multiplicidad de ángulos atractivos Muchas interrogantes plantea a sus lectores esta novela. ¿Es posible que nuestra existencia sea el resultado de una remota siembra espacial y existan muchas otras civilizaciones humanas disgregadas por el universo? ¿Acaso la ambición humana no tiene límites y nos llevará a la antesala de la destrucción, tras una degradación continua? ¿O residirá la salvación de nuestra especie en el ADN, oculta, esperando el momento en que se impongan la espiritualidad, el amor y la armonía en nuestras sociedades? Aquí se agrega un mérito especial: el impuso a reflexionar sobre estas preguntas fundamentales hechas en el pasado, en este tiempo –y también en el futuro- ¿Quiénes somos, de dónde venimos y adónde vamos? Los invito con entusiasmo a leer LOS PEREGRINOS. Será una lectura provechosa de la que saldrán enriquecidos y gratificados.

Diego Muñoz Valenzuela Octubre 2012

Presentación en FILSA 2012 ‘El afilador de cuchillos’

Presentación en FILSA 2012, por Ramón Díaz Eterovic

Siempre es un agrado acompañar a Fernando Jerez en la presentación de uno de sus libros, los que incansable y rigurosamente ha escrito desde que nos conociéramos hace más o menos treinta años. Desde entonces Jerez ha construido una obra que en su conjunto marca una huella significativa en nuestra narrativa. Es un agrado acompañar a Fernando, no sólo por la calidad asegurada de cada uno de sus libros, sino porque además hemos sido compañeros de varias iniciativas literarias que nunca están más de recordar en nuestra república del olvido, como la jornada Encuento del año 1984 o el Congreso Juntémonos en Chile de 1992. Dos de otras iniciativas que recuerdo como ejemplo de ese doble compromiso que Jerez ha suscrito desde sus orígenes como escritor, a través del desarrollo de su obra literaria y como promotor de actividades que han unido a los escritores y creado puentes entre éstos y sus esquivos lectores.

Por todo lo anterior, mis felicitaciones a Fernando Jerez por su nuevo trabajo que espero tenga la resonancia que merece, y mis agradecimientos por invitarme a compartir esta presentación.

Como se sabe, Fernando Jerez pertenece a la alguna vez llamada generación de los novísimos, de la que es uno de sus miembros más connotados junto a Poli Délano, Antonio Skarmeta, Ariel Dorfman, Ramiro Rivas y el siempre recordado Carlos Olivarez. Ellos y otros autores conforman un momento singular en nuestra narrativa, asumiendo nuevos códigos expresivos y un claro compromiso con el movimiento social que culminó con el triunfo de la Unidad Popular y el gobierno de Salvador Allende. Sus historias por lo tanto, nos hablaron del entusiasmo que se vivía en la década de los sesenta e inicio de los setentas, y luego también de las oscuridades que cubrieron buena parte de la narrativa que escribieron la mayoría de los autores chilenos, y que en el caso de Jerez se puede ejemplificar en sus novelas “Un día con su excelencia” y “El himno nacional”.

Seguramente, el primer libro de Fernando Jerez que leí fue “El miedo es un negocio”, publicado por la recordada editorial Quimantú, con un tiraje tan numeroso que incluso alcanzó para que algunos de sus ejemplares llegaran hasta el pequeño quiosco puntarenense donde todos los jueves esperaba llegar un nuevo libro de la colección “Quimantú para todos”. Y si hago este recuerdo y hablo de este título, no es sólo por recrear una anécdota, sino porque entre esa novela de los años setenta, y “El afilador de cuchillos” que hoy presentamos, creo que existe un nexo, una suerte de cierre de círculo que podemos resumir en dos palabras del primer título: miedo y negocio.

En el primer caso, el miedo provenía de las clases acomodadas que veían llegar con temor el gobierno de la Unidad Popular, con su promesa de mayor igualdad y justicia social. Gente que intentaba especular con sus propiedades y depósitos en dólares, y de paso generar condiciones que sirvieran para desestabilizar las condiciones económicas del momento.

En el segundo caso –“El afilador de cuchillos” el miedo es también de algunos poderosos que hacen sus negocios al amparo de un sistema que todo lo permite y que tiene al lucro como horizonte de sus iniciativas. Es el miedo al fracaso, a perder la posición que concede el dinero, y también el miedo a la soledad al que son arrastrados seres que han hecho del negocio el eje de sus vidas. Jerez conoce bien los mecanismos de los negocios y desde luego a los personajes que actúan con dichos mecanismos. Conoce –y las expone muy bien en su novela-, las trampas o los castigos que impone al sistema a quienes intentan quebrar todo límite. Sabe cómo la soledad los convierte en seres fríos, calculadores, devotos acérrimos de los fetiches del sistema, como le sucede al viejo Simon, uno de los protagonista de la novela que acaba sus días suplicando a su exesposa un gesto mínimo de cariño, y maldiciendo a su hijo que no ha querido seguir sus pasos como empresario..

Hombres de negocios entrampados, como el gerente de la empresa Unsolomundo, Octavio, que de gestor exitoso pasa a ser un paria del sistema que el mismo ha ayudado a generar cuando cae en las manos de inversionistas más astutos que él; y desde luego Ulises, un muchacho que empieza ideando fallidos atentados con bombas, y termina conociendo el abc del negocio de la exportación de frutas y maderas. La mirada de Jerez hacía el mundo empresarial tiene la certeza y la acidez propia de quien avanza por temas conocidos. Y al respecto, una cita de su propia novela: “en este mundo había un decorado deslumbrante, pero bajo la apariencia uno encontraba pura mierda. Las cucarachas se devoraban unas a otras”. Una imagen que perfectamente podemos extrapolar a buena parte del mundo y de las relaciones sociales y políticas existentes en Chile, un país de apariencias, de silencios y complicidad. Un país que muchos creen que se puede manejar como un negocio más y considerar a las personas como meros recursos orientados a la utilidad y el lucro.

En torno a estos tres personajes –Simon, Octavio y Ulises- se construye la novela, con relatos fragmentados que van dando cuenta de las vidas de uno y otro. También son importantes en la novela ciertos hitos que se relatan al pasar, pero que le dan un marco histórico y político definido a la historia, como la visita del papa Juan Pablo II, el atentado a Pinochet, el caso de las uvas envenenadas o el triunfo del No.

Con todos estos elementos, la novela entrega un conjunto de atrayentes e incisivos a la hora de abordar un ambiente donde conviven y disputan personajes desgarrados por la ambición, la soledad y los miedos. Personajes que piensan que todo a su alrededor esta controlado, que están llamados a ser los triunfadores del sistema, y que olvidan o no prestan atención al sonido que produce un anónimo afilador de cuchillos. Sonido que es una metáfora, una advertencia no siempre escuchada acerca de la fragilidad de la vida y la fugacidad de sus brillos. Un ruido, un sonido que nos advierte que todo tiene su fin.

Jerez conoce al dedillo y no falla en el uso de recursos narrativos, en la construcción de estructuras que se atraviesan y complementan, en la creación de personajes tan detestables como atrayentes, en el uso de múltiples puntos de vista y un lenguaje siempre suelto y armónico. “El afilador de cuchillos” es una muestra más de la cuidadosa escritura de Fernando Jerez que, de verdad no necesita de mayores presentaciones. A lo más de una entusiasta invitación a conocer su nuevo libro, del que me atrevo a asegurar nadie saldrá indiferente.

Filsa, 11 de Noviembre, 2012

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Presentación en FILSA 2012, por Diego Muñoz Valenzuela

Con Fernando Jerez nos une una amistad muy larga, nacida en la época donde la vivencia cotidiana era la censura, la persecución y el crimen de estado. No vayan a malinterpretar mis dichos, no quiero significar que fuera necesaria la execrable dictadura para encender la amistad entre escritores. Sí que puedo decir que aquel ambiente lóbrego, y por suerte lejano (que no es lo mismo que imposible), permitía diferenciar la voluntad férrea de algunos por contribuir a la lucha por el retorno de la democracia, la ambigua tibieza o la indiferencia de otros, y la complicidad de muy pocos.

Cuando hubo que demostrar en el terreno literario este compromiso –tarea difícil, por cierto, ya que transcurre por un camino sembrado de peligros-, y cuando en paralelo hubo que ejercerlo en el mundo ciudadano, puedo dar testimonio que Fernando Jerez lo hizo, como la abrumadora mayoría de los integrantes de la generación de los Novísimos: Poli Délano, Antonio Skármeta, Ariel Dorfman, Ramiro Rivas.

Hacia la mitad temprana de los 80 se generó, sin mayores  esfuerzos, un puente muy directo entre la Generación del 80, N.N. o del Golpe, a la que pertenezco, y los Novísimos. Esa conexión no fue posible antes, porque buena parte de los Novísimos estaban exiliados fuera del país, y otros estaban sometidos al exilio interno, llamado también Inxilio, que es el caso de Fernando Jerez. La estrecha censura dictatorial, el ataque sistemático a la industria del libro y la cultura toda, y las graves carencias económicas generadas por el modelo neoliberal, no dejaron mucho espacio al resurgimiento de la producción literaria en forma de libro. Circulaban más bien revistas clandestinas o semi clandestinas, mientras recién comenzaba a surgir una prensa opositora, sometida a una inmovilizadora serie de grilletes y mordazas.

Tal es el escenario en que surgió primero el acercamiento, luego la amistad con Fernando Jerez, Poli Délano, Carlos Olivárez, Ramiro Rivas y otros miembros de los Novísimos, y nuestra Generación del 80. Recuerdo con gratitud oportunidades como el ENCUENTO, libro antológico publicado por Bruguera en 1984, como resultado de una lectura pública de cuentos realizada en el Instituto Chileno Francés de Cultura en el mes de Septiembre. Habría que mencionar también los primeros ciclos de lectura pública como TODAVÍA ESCRIBIMOS, realizado en la Casona de San Isidro en 1985. Y una serie de eventos literarios que confluyeron en la organización del más importante Congreso Internacional de Escritores, Juntémonos en Chile, en noviembre de 1992.

Curiosa, singular literatura la que hace Fernando Jerez. No es fácil clasificarla junto a una corriente de semejantes. El mundo narrativo de Jerez se funda esencialmente en aquello que gobierna nuestra era: el poder del dinero. La codicia como motor de la humanidad, como progenitor de lo bueno y lo malo, de avances y de crímenes, de egoísmo y progreso. Es un mundo poblado por millonarios, gerentes, asesores, secretarias, empleados. Pocos escritores han penetrado estos ángulos del mundo empresarial con la agudeza que lo ha hecho nuestro autor, tanto respecto de su habilidad para humanizar a los personajes más abyectos, como para satanizar a aquellos que consideramos ángeles.

Escrita en capítulos breves y ágiles, esta novela nos revela su trama gradualmente, como si se tratara de la construcción de un puzzle muy acabado. Para ello emplea una suerte de visión caleidoscópica donde conviven varios narradores; una visión que va siguiendo a los personajes principales en una secuencia a cuyo orden temporal debemos permanecer atentos.

El personaje principal, Ulises –nombre que nos remite a la Odisea y a Joyce- sobre cuya vida se vertebra la novela, revela al inicio de la historia un  alto grado resentimiento social que lo emparenta con el relato el Cobrador de Rubem Fonseca: alguien que desea que la sociedad le pague de una vez todas las injusticias cometidas en su contra. A medida que nos introducimos en los detalles de su vida plagada de sufrimientos, vamos comprendiendo las razones de esta inquina, que llevan a Ulises a integrarse a una red clandestina extremista cuyo objetivo es alentar el terror y el caos.

Zebrianik, el ambicioso dueño de la empresa UNSOLOMUNDO, simboliza el poder económico y la omnipotencia del sistema capitalista, al tiempo que muestra también su fragilidad extrema en el campo de la emocionalidad humana. A pesar de su gigantesca riqueza, Simón Zebrianik está condenado a soñar la felicidad sin jamás alcanzarla. La disputa constante con Isabel, su mujer y madre de su único hijo –esperanza de preservar el clan económico familiar- revela gradualmente la profundidad de la miseria espiritual en la que se encuentran sumidos.

Jerez nos va mostrando una galería de personajes notables y vívidos, algunos de los cuales bosquejo en breves trazos. Mauro Pedraza, un ser enigmático que se mueve entre las esferas empresariales más altas, así como se conecta con las redes terroristas subterráneas. La chica de la luz, esa mezcla de realidad y sueño que enamora al protagonista y lo convierte en hombre prematuramente con tanta dulzura como erotismo. Octavio, el gerente que ama el riesgo y lleva la empresa al pináculo de la gloria mundial, a pesar de su intensa dipsomanía y un hedonismo obsesivo.

Nada de maniqueo, ni arbitrario, ni panfletario, ni simplista  hallamos en EL AFILADOR DE CUCHILLOS. No obstante, la novela penetra con crudeza en los laberintos del poder de la era neoliberal, sin tapujos ni contemplaciones. Los seres humanos, abandonados a su suerte en la jungla de la competencia global, toman sus oportunidades –si es que se les brindan- y se aferran a ellas con garras y muelas. Los principios se abandonan y venden; la única  cuestión es el precio de la transacción, ya sea un plato de lentejas o una millonaria cuenta secreta en un paraíso fiscal.

No obstante lo antes dicho, y con tono kafkiano, todos, inevitablemente todos los personajes, uno a uno, van cayendo en las redes que el sistema va tendiéndoles: perdiendo la inocencia y renunciando a la verdadera libertad, un ideal imposible de alcanzar. Están atrapados en las redes de la tragicomedia humana. El sistema carece de piedad: a todos pasa la cuenta por igual. Los poderosos que han tocado el cielo con sus manos se derrumban desde la altura de los colosos, con estrépito. Sus sirvientes –sean estos de alto o bajo nivel- van desmoronándose  consumidos por la ambición, los amores frustrados, el egoísmo y la traición.
Unos pocos seres se salvan de esta hecatombe, aunque no es posible asegurar que puedan sobreponerse a la adversidad. Uno de ellos, el protagonista, va seduciéndonos a medida que develamos su historia personal. Tanto la biografía de Ulises, el protagonista, como el conjunto de la acción novelesca, se van entregando a retazos en la narración, a la manera de un gigantesco rompecabezas cuya materia son las vidas de los personajes.

El estilo de Jerez es depurado y simple a la vez. No recae en barroquismos innecesarios, ni prolonga las descripciones. Es mesurado, pero jamás pierde el tono musical que provee una estética de lenguaje bien concebida. Del mismo modo, la arquitectura narrativa de la novela resulta impecable y confirma su habilidad y experticia como narrador.

En suma, EL AFILADOR DE CUCHILLOS es una novela para disfrutar una positiva suma de experiencias estéticas y sociales que enriquecen nuestra comprensión de la realidad, y nos sumergen en una mirada artística potente, moderna y sensible. Una lectura imprescindible para develar las motivaciones más hondas y potentes que sacuden ese complejo, globalizado y atrabiliario mundo contemporáneo en el que vivimos. O quizás sea más preciso decir sobrevivimos.

Filsa, 11 de Noviembre, 2012