• El Asombro
  • El rincón más lejano
  • Campus
  • afilador
  • breviario_minimo
  • concentracion_bicicletas
  • criaturas_cyborg
  • crimen
  • flores_cyborg
  • hipodromo_alicante
  • hombres_cuento
  • ladron_cerezas
  • manuscrito
  • mujeres
  • nostalgias
  • nuevas_hadas
  • peregrinos
  • prontuario_claveles
  • santos_devocion
  • tanLejos_Tancerca
El Asombro1 El rincón más lejano2 Campus3 afilador4 breviario_minimo5 concentracion_bicicletas6 criaturas_cyborg7 crimen8 flores_cyborg9 hipodromo_alicante10 hombres_cuento11 ladron_cerezas12 manuscrito13 mujeres14 nostalgias15 nuevas_hadas16 peregrinos17 prontuario_claveles18 santos_devocion19 tanLejos_Tancerca20

Portada El afilador de cuchillos - Referencias críticas

El afilador de cuchillos (O la historia de “un solo
mundo”)
Categoría: Comentarios de Libros
Creado en Martes, 12 Febrero 2013
Por Juan Mihovilovich
“Millones de gentes trabajan para impedir que las manos se toquen.”
(pág. 160)
Se advierte de entrada, en esta notable novela de Fernando Jerez, que
la nostalgia y la desolación cruzan sus páginas como una suerte de
ventisca molesta, que ciertos golpecitos dados en el rostro a contraluz
intentan vaciar de algún modo el escepticismo que deambula como un
fantasma material por el espacio en que los personajes sufren y se
mueven, anclados a un destino prefijado; un destino que pareciera estar
sujeto a la historia, a las viejas pasiones que se eternizan en la carne y
que obstaculizan a menudo –por no decir, siempre- esas ausencias que
hombres y mujeres persiguen a tientas para llenar el tedio de sus
soledades. Y claro, la historia se hace parte de esa atmosfera densa
entrecruzada de vidas que no son tan mínimas y de las cuales dependen
otras existencias proclives a la búsqueda de la felicidad individual per se.
El narrador no es tan sólo el joven que hastiado del mundo que le rodea
o en el que se vio inmerso como un polizonte, decide un buen día ser
parte de los insurgentes descontentos del sistema. Colocar luego una
bomba en algún sitio público o privado lo situaba al nivel de esos
marginales héroes anónimos que amparados en las sombras
subterráneas se miran a través de sus capuchas amparados en su
hermandad con un dejo de desconfianza, pero que hacen de su lucha un
apostolado de entrega por la “causa,” aunque no se entienda a
plenitud cuál es ella. De ahí que la novela alterne la narración en
primera y tercera persona estableciendo una visión simultánea, que
asimila desde adentro y desde afuera los acontecimientos que subyacen
en un entramado perfecto, que liga los derroteros con evidente maestría
haciendo que el discurrir de cada personaje particular esté
necesariamente inmerso en el movimiento histórico de una sociedad
moldeada por el autoritarismo dictatorial como telón de fondo. En
seguida, la idea de plasmar un universo narrativo centrado en dos ejes
que se acomodan y se complementan, cuales son el devenir de un joven
“desamparado” del plano familiar y que se vincula con el descontento a
través de un líder de la insurrección como Mauro Pedraza, y ese otro
universo circunscrito a una empresa denominada -ex profeso- como
“Unsolomundo” hacen que se conjuguen historias paralelas, encajadas
unas a otras con la habilidad de una narración sólida, innovadora,
creativa; el viejo Simón, adinerado que controla y monopoliza las
exportaciones de frutas a través de un inescrupuloso gerente comercial
como Octavio, que vive la consabida ambivalencia de las relaciones
duales a través de Violeta; las patéticas rencillas del acaudalado senil
con Isabel, su esposa atormentada y sarcástica; el espectro de Silvito, el
hijo común, que surge como una pincelada emotiva que los angustia y
cuyo destino sólo se descubre al final como una bofetada desgarradora;
y entre ellos, o como parte de ellos, el “afilador de cuchillos,” el profesor
que será un símbolo de la tragedia colectiva que vive el país, o la
tía Isolina transformada en fugaz amante de su sobrino Ulises, el joven
de una rebeldía en retirada, personaje central –tal vez- que une el
transito de todos como un titiritero manejado a su vez por los invisibles
hilos de un misterio no resuelto y del cual dependen todos.
Se podría decir que estamos ante una novela centrada únicamente en el
devenir de las últimas décadas de este país y sería en parte
correcto. Pero, no se trata únicamente de eso. Es una narración que
amplía su radio de acción como círculos concéntricos que en espiral nos
muestran un “solo mundo.” Las trapacerías que se elaboran en un
mercado comercial inescrupuloso, las transacciones bursátiles, la
dominación soterrada o abierta de unos sobre otros, el manejo de
cuentas bancarias en Las Antillas y las negociaciones espurias y
secretas de quienes gobiernan el mercantilismo a ultranza, son apenas la
punta del iceberg en que Jerez ejercita su profundo conocimiento de los
seres humanos y desentraña sus pequeñas o grandes miserias
individuales y colectivas.
Estamos en presencia de una novela que nos reseña el espacio y el
tiempo físicos que nos ha tocado vivir. Cierto: toda historia es un
pretexto para evidenciarnos cuán pérfidos o desolados podemos llegar a
ser; cuánta ausencia de amor o solidaridad puede acosarnos de modo
inversamente proporcional a nuestros egoísmos más primarios. Y en esa
perspectiva la trama resulta un esbozo gradual que nos obliga a mirarnos
a través de estos personajes de carne y hueso, mimetizados en la
historia de la vida nacional que, oh milagro de las paradojas, ha resultado
ser la historia del mundo moderno; al menos, de una parte importante de
la excelsa o vapuleada civilización occidental.
Por eso y otras múltiples razones que vale la pena descubrir en cada
lectura personal, esta novela trascendente resulta imprescindible en
estos días y décadas de escepticismo global.
***
EL AFILADOR DE CUCHILLOS (O la historia de “un solo mundo”)
Fernando Jerez
Novela. 190 págs. Simplemente Editores 2012

 

LA ESTÉTICA DE LA CLARIDAD EN FERNANDO JEREZ.

                                                                      
                                                                           P o r    R a m i r o    R i v a s
Fuente: Punto Final

           Fernando Jerez es un escritor de larga trayectoria que a través de sus novelas ha escenificado un mundo muy personal y poco tratado por la narrativa chilena. Me refiero al mundo empresarial, las transacciones bancarias, las no siempre santas especulaciones cambiarias. El autor trabajó y conoció ese ámbito, casi siempre desconocido por los escritores, más relacionados con la precariedad que con el éxito bursátil. Pero no es el único tema en su escritura, porque Jerez ha mantenido una consecuencia política y social permanente en su producción literaria, testimoniando los atropellos a los derechos humanos ( El Himno Nacional), recreando y desnudando las veinticuatro horas de un dictador latinoamericano ( Un día con su Excelencia ), o el pavor de la alta burguesía chilena y la consiguiente huida de capitales ante la inminente ascensión al poder de la Unidad Popular ( El miedo es un negocio ). Obras esclarecedoras, comprometidas y de indudable valor artístico. Ahora, con esta nueva novela, El afilador de cuchillos (Simplemente Editores, 2012, 190 páginas), nos introduce en las poco ortodoxas negociaciones empresariales desde el interior de personajes degradados por el poder del dinero.
          La trama argumental mantiene cierta temporalidad lineal, la que es alterada con breves saltos hacia el pasado del joven protagonista, Ulises, pantallazos evocativos que recrean hechos traumáticos de su infancia abandonada, su formación en un hogar de niños huérfanos y sus primeras experiencias sexuales que lo acompañarán hasta su vida adulta. Pruebas de vida que se contraponen con un presente nuevo y exploratorio de un medio que le es ajeno y le causa rechazo, pero que, sin embargo, logra adaptarse, desaprobando su actitud pasiva.
          La novela se inicia con una escena que al lector alerta: un joven veinteañero se apronta a colocar una bomba en un hotel de lujo en Providencia en donde se hospeda el consejero anónimo del Papa en su visita a Chile en 1987. Como lectores, imaginamos de inmediato que la narración versará sobre terrorismo urbano, tan actual en nuestro país después del show judicial en el caso bombas. Pero el acto fracasa ante el temor del joven subversivo y el postrer encuentro casual con un joven ejecutivo a la entrada de un pub que cambiará la vida de Ulises para siempre.
          En efecto, contratado por este personaje amoral, Ulises se verá envuelto en un ambiente que odia y rebate, pero que las necesidades económicas, su propia pusilanimidad y desidia por revelarse, lo mantienen atrapado en esta red de corrupción, envidias y fracasos familiares. Tras ese frío mundo del dinero están los seres que pueblan ese entorno, las vidas y sus respectivos perfiles psicológicos, morales o éticos.
          La historia expone el auge y caída del empresario Simón Zebrianik, obsesionado porque su mujer le dé un hijo que continúe su obra empresarial y, a la vez, perpetúe su nombre en una fundación que sea un ejemplo al emprendimiento. Pero el abandono de su mujer y su hijo lo sumergen en una nebulosa alcohólica sin salida. Similar a lo que le sucede a su gerente estrella, Octavio, mentor de Ulises, sumido en la bebida, una vida disoluta y obscuros negociados internacionales.
          El trabajo narrativo se sustenta en un texto elaborado en capítulos muy breves y un estilo objetivo de extrema claridad expositiva. Brevedad que no siempre es respetada por los novelistas latinoamericanos, más dados a la ampulosidad, el barroquismo lingüístico o la exuberancia interpretativa. La lúcida ensayista mexicana Margo Glantz expresa que “la brevedad se consigue anclada en la desesperación por retener una realidad trágica que se revela a fin de cuentas inmodificable”. Pero agrega que este tipo de escritura se contrasta con el humor y la ironía, lo que a mi parecer no basta. El estilo se construye de múltiples elementos, tanto sintácticos como imaginativos. Un estilo definido es una subjetividad bien expresada. Los silencios de Rulfo, por ejemplo, o la torrencialidad de Guillermo Cabrera Infante, por otro lado, o la permanente angustia opresiva en los textos de Juan Carlos Onetti, son claras muestras de estos procesos escriturales que finalizan por moldear un estilo. El lenguaje de Jerez funciona bajo parámetros artísticos modificables, adecuándose a los tiempos, sintetizando ese barroquismo lírico de los años 60, la experimentación literaria, la acumulación innecesaria, por un nuevo discurso despojado y austero, simplificado, reducido a su expresión mínima. Sin llegar a los extremos de esa anemia dialectal de algunos jóvenes narradores, pero sí objetivando el lenguaje para arribar al lector con la desnudez de la claridad y la hondura transparente de los personajes. Cúmulo de elementos que confluyen en una novela que sugiere, analiza, interroga e interioriza en un puñado de seres cuyo destino primordial es el éxito y el dinero fácil, desatendiendo las relaciones humanas. Trabajo desarrollado con la profundidad y la soltura característica de toda su obra.

Otras referencias críticas

Antonio Rojas Gómez
Juan Manuel Vial
José Promis, El Mercurio
Patricia Espinosa, Las Últimas Noticias