• El Asombro
  • El rincón más lejano
  • Campus
  • afilador
  • breviario_minimo
  • concentracion_bicicletas
  • criaturas_cyborg
  • crimen
  • flores_cyborg
  • hipodromo_alicante
  • hombres_cuento
  • ladron_cerezas
  • manuscrito
  • mujeres
  • nostalgias
  • nuevas_hadas
  • peregrinos
  • prontuario_claveles
  • santos_devocion
  • tanLejos_Tancerca
El Asombro1 El rincón más lejano2 Campus3 afilador4 breviario_minimo5 concentracion_bicicletas6 criaturas_cyborg7 crimen8 flores_cyborg9 hipodromo_alicante10 hombres_cuento11 ladron_cerezas12 manuscrito13 mujeres14 nostalgias15 nuevas_hadas16 peregrinos17 prontuario_claveles18 santos_devocion19 tanLejos_Tancerca20

portada El Ladrón de Cerezas - Presentaciones

Presentación en FILSA 2012

No sé precisar desde cuándo conozco a Max Valdés. Puede que haya sucedido el encuentro hacer varios años o unos pocos. Depende de la noción que uno tenga de las matemáticas. Pero creo que desde el primer momento me sorprendió su humanidad. Me  refiero a que vi en él lo mejor de los seres humanos.  Recuerdo que me habló de cuando él era  mucho más joven de lo que es hoy, cuando solía verme en un restaurante de Providencia, el Olé Olé, donde yo almorzaba todos los días en la sección de los menúes, las sección barata del restaurante. Tiempo después nos conocimos. Me contó que desde muy jovencito, él coleccionaba recortes de diarios que se referían a literatura. Me ofreció un recorte del año 1973, un ataque a mansalva del diario El Mercurio contra mi persona y mi novela El Miedo es un negocio, publicada poco antes del golpe por la Editorial Quimantú. ¿Cuándo recogió con la tijera tal comentario, si tomamos en cuenta que a esa fecha Max tenía diez años? Quiero decir, desde siempre amó la literatura.

Después le conocí algunos escritos. Fue una agradable sorpresa. Percibí en sus textos, las subhuellas de una infancia impresionada por hechos inolvidables y desdichados.  Quizás, en tales hechos ha buscado el novelista  la resurrección de las víctimas, la reparación en sus libros de las consecuencias del destino aciago sufrido por las víctimas.  Ha querido mantener en la memoria el paso a paso de algunas existencias.

Por supuesto, una muy buena impresión de esos textos. Y no se trata de que yo venga aquí como presentador del libro a emitir juicios incondicionales acerca de la obra de Max. Si él me ha buscado es porque sabe que a mí me agrada su literatura. Dese hace muchos años yo me he negado sistemáticamente a conocer nuevos escritores, porque injustamente tal vez me inclino por apreciar tanto la obra como su autor. Si una obra me agrada, no quiero conocer al escritor que la ejecutó, porque tal vez su personalidad pudiera malograr la admiración por su obra. La única vez que deseé fervientemente conocer a un escritor fue al mexicano René Avilés Fabila, un escritor que ejerció gran  influencia sobre mi generación. En cierta ocasión, supe que andaba por Santiago, en algún congreso de escritores, por la época que asistí  a una comida recuerdo que en un restaurante de la Plaza Mulato Gil. Fue una agradable comida, llena de vino y chistes. Al día siguiente, me lamenté  amargamente de no haber conocido a René Avilés.  Y creo que fue Poli Délano quien me dijo: pero si estuviste toda la noche conversando con él, con ese señor sentado a tu lado.

Max une esas dos cualidades tan poco frecuentes. Es un buen hombre y un buen escritor. Lo que no le exime de ser muy peligroso, pues le cuesta mucho encontrar algo malo y advertirle del hecho a uno.
 Y ahora me encuentro con Este ladrón de cerezas, con este ladrón que no enjuiciaré con el rigor que lo hará seguramente mi amigo Manuel Jofré.

Son  recuerdos de la infancia de un muchacho inserto en una de las tantas famlias chilenas que no tiene nada de extraordinario. Experiencias comunes, que se repiten una y otra vez en la crónica social de nuestros países, pero que cobran vigor extraídas del buceo en las almas, de la mirada aguda del novelista. Y llama m atención la persistencia de Max desde interior de sus personajes, en una época en que las miradas se posan desde cierta distancia, desde cierta exagerada objetividad. Cuando los acontecimientos ocurren fuera de los personajes, y son los movimientos, la gestualidad, la presencia de los objetos, y el entorno descriptivo  los que le dan significado al sentir de los seres humanos.  Por el contrario, acá Max prefiere transparentar las almas. sobre todo, la del muchachito que va descubriendo el mundo descarnado, del cual él formará parte, tan culpable como todos nosotros.

Al contrario de su homónimo, el músico, no encontramos una composición dulce, de pasitos de ballet, sino más bien alguna de la música más iracunda de Mahler.
Recuerdos de infancia. Cuando  se fundan los ídolos y los modelos. Y cuando caen los íconos en el seno mismo de las familias.

En la primera parte de la novela asistimos a la agonía y muerte de la madre del narrador y protagonista. Son páginas conmovedoras. Dolor, incertidumbre.  En la novela, como telón de fondo  se advierte el clima hostil que se vive en Chile, por los años que la dictadura ejerce el poder. Estigma que habrá de aparecer siempre en la historia de nuestro país, sobre todo a los ojos de un niño que se interna en el miedo civil, cuando su creador, el escritor tiene en 1973 diez años.

 Y como en todas las familias de la época alguno de sus miembros sufrió persecución y exilio.
Max Valdés siente lo que escribe, porque escribe lo que siente. La arquitectura de sus relatos está siempre emparentada con el misterio del alma, con el misterio de esa inmaterialidad que nos lleva a subsistir en este mundo, o si prefieren, con esa conjunción química que nos hace pensar y desear.
El protagonista se mueve en una espacio hostil. La casa, la calle, el vecindario representan el peligro, la posibilidad de un riesgo, la encarnación del enemigo.
El lugar único y personal, el refugio lejos de este entorno, el depositario de los secretos es el sótano de la casa, un lugar de sueños y delirios.

La literatura tiene la virtud con sus diferentes estilos de abrirnos una ventana infinita a un mundo infinito. Así como cada persona no es una repetición de otra, y tiene ojos diferentes, boca diferente, conductas diferentes, cada libro también es una caja de sorpresas que nos invita a sentir también de manera diferenciada, extrayendo de nuestra comprensión y de nuestra sensibilidad, cada vez  reacciones distintas, con tal realismo, que con frecuencia nos hacen arrancar lagrimas o sonrisas.
Por eso el llamado a leer libros, por eso la invitación a internarse en la experiencia única de este Ladrón de cerezas.

Fernando Jerez, Filsa, 9 de Noviembre, 2012

-----------------------------------------------------------------